Descubrí una publicación en Facebook de una mujer joven que decía: "¡Estoy buscando a mi madre!", y ella era mi doble perfecta.

Hay tardes en las que navegas sin rumbo, solo para despejar la mente. Y de repente, sin previo aviso, una imagen te atrapa como una corriente de aire frío en una habitación calefaccionada. Claire, de 48 años, creía llevar una vida tranquila, ordenada, casi tranquilizadora: su trabajo en la biblioteca, su perro Gastón, una infusión y un poco de Facebook antes de acostarse. Nada extraordinario... hasta que apareció una cara en su pantalla. Una cara tan familiar que se quedó paralizada. Demasiado familiar. Como si alguien hubiera desenterrado una vieja foto suya y la hubiera publicado justo en medio de su muro de noticias.

El shock: “Ese soy yo… solo que más joven”

La publicación es sencilla, casi conmovedora: una joven,  Léa , pide ayuda para encontrar a su madre. Solo tiene unas pocas pistas: su origen en Iowa a finales de los 90 y la urgente necesidad de comprender su origen. Excepto que  Claire nunca tuvo hijos. Nunca estuvo embarazada. Entonces, ¿por qué  Léa  tiene los mismos ojos, la misma sonrisa, el mismo hoyuelo, la misma inclinación de la cabeza en las fotos?

Este tipo de parecido suele explicarse con un simple "¡Oye, podrían ser hermanas!". Pero esto es diferente. Es una sensación física: manos temblorosas, un corazón acelerado y esa pregunta que no deja de dar vueltas... ¿cómo es posible?

Cuando un detalle te incita a abrir las cajas del pasado

Claire  duda en escribirle a  Léa . ¿Qué puede decirle sin parecer un poco excéntrica? Entonces elige otro enfoque, casi instintivo: rebuscar en el desván, en esas cajas que siempre dejamos para «más tarde». Esas que huelen a polvo y recuerdos, y que a veces contienen respuestas que ni siquiera sabíamos que buscábamos.

 

 

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