Tómate tu tiempo, sin prisas.
Tras una muerte, no hay prisa por decidir. La necesidad de "hacer espacio" es comprensible, pero algunos recuerdos cobran valor con el tiempo. Lo que hoy parece demasiado doloroso puede convertirse en una fuente de consuelo mañana.
Arreglar las cosas, sí. Pero con delicadeza, escuchando tus emociones sin forzarte. A menudo, son los detalles más sencillos los que, años después, apaciguan la nostalgia y reconfortan el corazón.
Porque cuando se trata de recuerdos, tirarlos demasiado rápido a veces significa perder un poco más de lo que creías que estabas dejando atrás.
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