
Un homenaje vibrante a una vida inspiradora
Ahora, instalada en una residencia donde recibe cuidados cariñosos, Ethel sigue inspirando a quienes la conocen. Su historia nos recuerda que una existencia plena no es una carrera, sino una sucesión de momentos que elegimos vivir con ternura. Sus allegados destacan su atención, su amabilidad y su singular manera de afrontar cada día como una nueva oportunidad para apreciar la vida. Cuando le preguntan cómo se siente al ser considerada una de las personas más ancianas del planeta, responde con humor que nunca ha buscado batir récords, sino que simplemente se alegra de vivir cada día como un regalo.
¿Qué pasaría si, en última instancia, la clave de la felicidad duradera residiera en esos pequeños actos de bondad que nos realizamos cada día?
